top of page
* Revelaciones*
Últimas Entradas

El poder de la palabra: Un arma silenciosa

  • hace 6 días
  • 2 min de lectura
Mujer leyendo la Biblia en el altar de una iglesia con vitrales de fondo durante un culto de adoración.

Basado en: Números 12 (TLA)


María y Aarón hablaban mal de su hermano Moisés porque se había casado con una mujer que no era hebrea sino etíope. Y dijeron: “¿Acaso Dios le ha hablado sólo a Moisés? También nos ha hablado a nosotros”.

 

El capítulo 12 de Números del Antiguo Testamento nos deja una radiografía perfecta de lo que pasa cuando la murmuración teñida de envidia se manifiesta en su forma más pura: el chisme malintencionado y la difamación. Miriam y Aarón se aliaron en contra de su hermano Moisés para difamarlo por haberse casado con una mujer cusita, pero la realidad permanecía oculta, y eso era: los celos. “¿Acaso Dios le ha hablado sólo a Moisés? También nos ha hablado a nosotros” (TLA).  En ese razonamiento no estaban haciendo más que alardear de que “ellos dos” eran valiosos y por lo tanto debían ser tomados en consideración. Dios al escuchar sus difamaciones, no tardó en ejecutar juicio sobre la vida de Miriam.  Dios aborrece la mala intención y la calumnia que no hace más que dividir y ocasionar un daño considerable (Proverbios 16:28). 

 

En nuestro diario vivir se suelen dar situaciones similares en cualquier ámbito y, lamentablemente, cuando las murmuraciones y falsos juicios llegan a oídos débiles, ocasionan un daño devastador llegando en algunos casos a ser irreversible.

 

Seguir a Jesús nos exige romper con este sistema de murmuraciones y chismes mal intencionados. El Maestro nos enseñó que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34), y nos llama a usar la palabra para bendecir, sanar, defender al inocente, y no para dividir ni para clavar un puñal por la espalda.

 

Dios escucha cada una de nuestras palabras y conoce cada uno de nuestros pensamientos. Que las tuyas hoy sean para dar vida y no para cavar la fosa de nadie. Que tus palabras sean para bendecir y no para maldecir, porque aunque creas que Dios no te “escucha”, porque no lo ves, él sí te escucha y ve todo lo que dices, piensas y haces. Ese es uno de sus atributos sagrados: su soberana omnisciencia.

 

Tú decides qué palabras saldrán de tu boca.

 

Soli Deo Gloria – Solo Christus


bottom of page