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Una crisis: Un mapa del cambio

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura
Muestra un puente roto que separa la "Realidad Anterior" de la "Nueva Realidad". Una familia en balsa cruza hacia dos destinos: uno "Patológico" (negación y rechazo en un bosque oscuro) y otro de "Aceptación" (saludable). El camino de sanidad atraviesa arcos de Aceptación y Adaptación hasta alcanzar recursos Espirituales, Emocionales y Comunitarios. Incluye un mensaje sobre la flexibilidad emocional y la firma Centinela del Amanecer.

Cuando una crisis se produce, de la índole que fuese, hay “un no retorno a la condición anterior”. Una crisis puede ser tanto buena (una mudanza a una nueva casa) como mala (un telegrama de despido), pero lo que la define no es la calidad de la noticia, sino su “intensidad”; o sea, cómo nos impacta, cómo la recibimos y la manera de elaborarla (o no).


De ahí en más, el tema es cómo enfrentar esa realidad que tenemos por delante. Para ello, siempre se necesitará un tiempo para “masticarla” y transitar ese camino que sabemos será sin retorno. Todo dependerá de nuestra actitud ante la nueva realidad.


La elaboración de la crisis se hace desde lo racional y lo emocional:


  • Desde lo racional: es cuando nos hacemos cargo y entendemos el hecho (por ejemplo, un matrimonio que decide separarse de común acuerdo).


  • Desde lo emocional patológico: (tomando el caso anterior) la pareja puede llegar a reaccionar “patológicamente”, produciendo rechazo, rigidez y negación; es decir, no se quiere ver la realidad y se la niega terminantemente.


Cuántas veces vemos en las noticias que, en una pareja mal avenida, uno de ellos quiere separarse mientras el otro no acepta esa condición, aludiendo que “si no sos mía, no serás de nadie”, y la relación termina en un no deseado femicidio.

 

Pero cuando la crisis se procesa desde lo emocional saludable, esta se acepta, se busca la adaptación y se encuentran los recursos, que pueden ser: espirituales, emocionales, comunitarios y materiales.


Cuando un matrimonio recurre a consejería, se debería evaluar en qué estadio están. Si corresponde a una:


  • Prevención primaria: si se vislumbra un posible conflicto y puede llegar a prevenirse.

  • Prevención secundaria: cuando el conflicto está instalado y se trata de evitar que progrese.

  • Prevención terciaria: cuando la crisis ya ha estallado y amerita una rehabilitación, evitando que el asunto vaya a mayores y se “enquiste” desde lo patológico.


Creo que como cristianos, y más en calidad de consejeros, debemos ser centinelas (Ezequiel 33:7) de lo que Dios quiere para sus hijos. Al ser centinelas, se deberá alertar, advertir, prevenir, escuchar, acompañar y no juzgar. Y desde lo espiritual, orar por la sanidad de la pareja. Si hay algo que no esté acorde a la voluntad de Dios —aunque cueste, aunque se presente oposición— la consejería se hará sin temor: “…aunque haya contigo cardos y espinas y te sientes en escorpiones; no temas sus palabras ni te atemorices…” (Ezequiel 2:6).


No es fácil ser “consejero y centinela” a la vez. Ello demandará valor, permanecer firme en el Señor, siendo confortado y animado por el Espíritu de Dios para transmitir la verdad.


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