Cuando las olas ponen a prueba tu resistencia: Superar las pruebas
- 14 dic 2025
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Basado en: Marcos 4:35-41
Al conocido relato de Marcos 4:35-41 no siempre se le da su verdadera interpretación. Estando Jesús y sus discípulos en una barca repentinamente se levantó una gran tormenta. El viento arreciaba de tal manera, que las olas la golpeaban con fuerza, y esta comenzó a inundarse.
Mientras ellos entraban en pánico, temiendo por sus vidas, Jesús dormía plácidamente en la popa. Al despertarlo, lo confrontaron con una acusación de indiferencia: “¿No te importa que perezcamos?” Jesús, levantándose, reprendió al viento y al mar con una simple orden, y todo se transformó en calma y quietud.
Quizás algunas veces nos sintamos de esa manera como los discípulos de Jesús: preocupados, confusos, angustiados, temerosos. Cuando pensamos tener todo bajo control, de pronto, una mala noticia, una situación difícil, una tormenta se desata de imprevisto cambiando todos nuestros planes. Sentimos que enormes olas nos hunden y no hay escapatoria.
Nazaré es un pintoresco pueblo costero en Portugal famoso mundialmente por sus olas gigantes, que en Praia do Norte pueden superar los 30 metros de altura. Este fenómeno atrae a surfistas extremos mientras turistas, fotógrafos y curiosos durante la temporada (noviembre-febrero) de olas gigantescas, se agolpan en los miradores, especialmente cuando hay campeonato, para no perderse el espectáculo lleno de adrenalina. Algunos surfistas logran mantenerse en pie, otros inevitablemente caen, pero siempre hay un jet ski listo y preparado al rescate.
Bien se podrían comparar ambos relatos con la vida de un creyente. Podrán levantarse olas tan grandes y potentes pero aunque caigamos, Cristo está para rescatarnos. Él es más fuerte que cualquier mar embravecido.
En las pruebas, muchos se desalientan o cuestionan a Dios porque creen que la vida cristiana es “fácil”, sin dolor ni lucha. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que aún los profetas fueron perseguidos y sufrieron del mismo que el Hijo de Dios fue crucificado.
La fidelidad nunca fue sinónimo de comodidad, sino de perseverancia y dominio propio (Gálatas 5:22-23) en medio de la adversidad. Nuestro llamado es a mantener una mirada escatológica (de esperanza futura). Esta mirada debe traspasar los límites del tiempo, enfocada en el reino venidero.
Aunque las olas sean inmensas, aunque las pruebas vengan una detrás de otra, alabaremos al Señor en todo tiempo, como lo hizo el rey David en momentos de peligro: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca” (Salmo 34:1). Y aunque nos parezca que nuestra barca está a punto de zozobrar permaneceremos como Job bendiciendo a Dios: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).
La tormenta no es eterna, pero la fidelidad de Cristo sí lo es. Nuestra mirada está puesta en la esperanza futura cuando Dios enjugará toda lágrima: “...y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).
De la mano de Cristo, no hay intranquilidad, temor, ola gigante o prueba a la que no podamos hacerle frente. Él siempre tiene su mano extendida: para librarnos del mal, o bien, para acompañarnos y fortalecernos en la prueba.
Hemos sido redimidos por Jesús en la cruz del Calvario y nos rescata o fortalece en nuestras pruebas diarias. Solo hay que confiar, tener fe y mantenernos firmes en la senda que nos toca recorrer.
“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:11).
Preguntas para Meditar
¿Dónde pones tu confianza cuando las olas parecen más grandes que tu fuerza?
¿Tu fe se sostiene en la ausencia de problemas (la calma exterior), o en la presencia y soberanía de Jesús en medio de la tormenta?
¿Te alejas de Dios en medio de la prueba, o te acercas más a Él?
El saber que Jesús prometió estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20), ¿te ayuda a superar las pruebas?
























