La vida como una ventana de oportunidad: Propósito y fe en lo cotidiano

Basado en: Apocalipsis 1:3
“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas...”
En las Sagradas Escrituras hay más de 1.800 pasajes proféticos (que representan cerca del 27% de toda la Biblia), distribuidos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento (Fuente: Enciclopedia de Profecías Bíblicas, J. Barton Payne [1]). Sin embargo, estos pasajes proféticos suelen obviarse de predicar en las iglesias. Quizás sea por su extraña e incomprensible simbología, que muchas veces resultan difíciles de comprender.
Pero es importante plantearnos que si estos pasajes no fuesen de un valor incalculable (como toda la palabra inerrante de Dios), Dios los habría omitido, no estarían registrados en las Escrituras. Desde el momento en que están allí plasmados por sus profetas por inspiración divina, su relevancia es suprema.
A pesar de su rica simbología, Dios mismo nos alienta y anima a leer: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas...” (Apocalipsis 1:3). Así es: bienaventurados los que la leen y la atesoran en su corazón. La profecía no nos fue dada para la especulación ni para darnos temor, sino para advertirnos, darnos esperanza, paz, certidumbre y guiarnos a la obediencia.
Y para los que perseveran en la profecía, hay una promesa gloriosa: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). ¡Qué inmensa esperanza! Se nos promete una morada eterna junto al Padre. Tendremos vida!!!
Cada mañana es un nuevo día de vida que Dios te regala: una nueva ventana de oportunidad, pero que a medida que pasa el tiempo esta se ira cerrando para conocerle, servirle y glorificar su nombre.
No importa qué trabajo o vocación tengas, la Escritura nos señala tres grandes metas para nuestras ocupaciones diarias:
Reflejar su imagen: Es el propósito central de Dios para sus hijos. A los que conoció, predestinó para ser transformados a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29). En tu día a día, Dios busca moldear el carácter de Cristo en ti.
Ser un testigo misionero: Dondequiera que te encuentres —en tu oficina, tu hogar, tu colegio, la universidad, el gimnasio o en medio de una gran ciudad— vive para expandir el reino de los cielos: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:16). Fuimos constituidos como nación santa y real sacerdocio para proclamar sus virtudes y su carácter (1 Pedro 2:9).
Vivir para su gloria: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Incluso al criar a tus hijos, tu función principal es contribuir a formar la imagen de Dios en ellos y transmitirles el Evangelio, las Buenas Nuevas de esperanza y paz.
Para vivir de esta manera, necesitamos “masticar” la palabra profética, teniéndola fresca en la mente y el corazón abierto y dispuesto, confiando plenamente en que lo prometido se cumplirá a su tiempo, porque “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19). Recuérdalo siempre: “Bienaventurado el que lee, oye y guarda las palabras de esta profecía”.
No desaproveches tu tiempo. Estés donde estés, da testimonio de la Palabra compartiéndola, siendo tú mismo una carta viva del Evangelio. Y si aún no conoces a Jesús, hoy es un gran día para abrirle tu corazón. Él no solo transformará tu vida, sino que te dará el mejor regalo que será la vida eterna junto a él.
[1] Según la Enciclopedia de Profecías Bíblicas de J. Barton Payne, la Biblia contiene un total de 8.352 versículos proféticos sobre 31.124 versículos totales (un 27% del texto). El desglose comprende 1.239 profecías en el Antiguo Testamento (6.641 versículos) y 578 en el Nuevo Testamento (1.711 versículos), sumando 1.817 profecías sobre 737 temas. De los 66 libros bíblicos, 62 contienen material profético (con excepción de Rut, Cantar de los Cantares, Filemón y 3 Juan).
























