No te quedes petrificado: el peligro de mirar atrás (Parte II)

Pasaje Base: Génesis 19:26
“Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”.
Creo que, innatamente, el ser humano tiene un profundo anhelo de crecer, de superarse. Pero ¿Qué sucede cuando nos quedamos anclados en el pasado? ¿Qué pasa cuando queremos volver a vivir experiencias que ya cerraron su ciclo? ¿Qué sucede cuando no nos animamos a enfrentar nuevos desafíos con la fe puesta en Cristo, y vivimos rememorando y anhelando un pasado que ya no va a volver y que, mucho menos, posible de cambiar? ¿Qué sucede cuando no nos arriesgamos a movernos de nuestra zona de confort por puro temor o comodidad? ¿Qué pasa cuando nos dejamos estar?
La mujer de Lot no se animó a desprenderse de su pasado, fuese el que fuese. A pesar de estar la familia junta en plena huida y de haber escuchado la orden tajante de no mirar hacia atrás, el deseo de ver “aquel lugar donde vivía y donde tuvo tantas vivencias” fue más fuerte. Ella no confió en que, si Dios la estaba sacando de ese lugar, era para guiarla hacia una experiencia superior. Ella, simplemente, no confió en el propósito del Señor.
¡Cuántas veces nos pasa lo mismo! Nos aferramos al pasado como si ese tiempo hubiese sido lo único bueno para nosotros, sin comprender que muchas veces tenemos que soltar, dejar ir (let go) ese pasado, esa vivencia de ayer.
Mirar atrás, a situaciones dolorosas o que han sido complicadas, en nada nos va a beneficiar o aportar. Hoy estamos a “millas de distancia de nuestro pasado”, el cual es imposible cambiar, modificar y, peor aún, evitar. Miremos hacia adelante con fe a lo que está por venir, que será mucho mejor que lo vivido. Quizás, en algunos casos, se puedan aprovechar esas experiencias negativas a fin de no volver a tropezar con la misma piedra.
No sientas culpa por el pasado. En el hoy, dejamos de ser lo que fuimos al estar en Cristo, porque al estar en Él pasamos a ser una nueva creación: “...si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Nuestras equivocaciones han sido descuidos en el caminar por esta vida y el resultado de haber tomado el camino equivocado. Pero en Cristo como nuevas criaturas y guiados por Su voz, todo será nuevo, porque Él renueva todas las cosas: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y ten en cuenta que estas no son palabras vacías que se las lleva el viento; sino que hay una promesa eterna: “Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 21:5).
¿Qué te detiene hoy en el camino de la vida? ¿Qué es aquello que te mantiene anclado y no te permite arrancar hacia lo bueno que Dios tiene preparado para vos? Dios es dador de agua viva y de pan de vida; Él nunca te va a poner piedras de tropiezo en el camino. Aunque el sendero de la vida no sea fácil, confía ciegamente en Su Palabra y en Su carácter paternal.
No te aferres a un pasado que ya no puedes cambiar; aférrate al presente, porque de cómo lo manejes dependerá tu futuro.
No te quedes inmóvil. Sigue adelante, camina, suelta lo que quedó atrás con la seguridad de que tu Padre celestial tiene guardado lo mejor para tu vida. Porque: “...yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo” (Jeremías 29:11).
Su Palabra es garantía de vida. Solo confía, ten fe y obedece a Su voz.
Recuerda, “él te lleva grabado en las palmas de sus manos” (Isaías 49:16).






















