El reflejo que transforma: el secreto de los espejos en la montaña
- 7 feb
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Basado en: Mateo 5:14-16
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
En Noruega existe un pueblo llamado Rjukan que guarda una historia fascinante. Está rodeado por montañas tan altas y empinadas que, desde septiembre hasta marzo, el sol nunca llega a bajar lo suficiente para tocar el suelo del pueblo. Por eso, sus habitantes vivían en una sombra perpetua durante seis meses al año.
La solución fue asombrosa: colocaron espejos gigantes en las cumbres para capturar la luz solar allá arriba y reflejarla hacia el fondo del valle.
Jesús nos llamó a ser la “luz del mundo” (Mateo 5:14-16). Pero, al igual que los espejos de Rjukan, nuestra función no es brillar por cuenta propia, sino posicionarnos correctamente para reflejar al Sol de Justicia.
Esto nos lleva a una pregunta vital: ¿Estamos realmente irradiando esa luz de Cristo en nuestro día a día? Lo hacemos cuando compartimos las buenas nuevas, pero también a través de nuestras acciones y de una manera de pensar que honre a Dios. Si el espejo está sucio o mal orientado, la luz no llega al valle.
¿Hacia dónde estás mirando hoy? Solo si estamos orientados hacia Él podremos iluminar nuestro entorno.
Paz del Señor.
Inspirado en una ilustración del Dr. David Jeremiah en su libro "El Milenio: La llegada de la edad de oro”.
























